martes, 11 de septiembre de 2007

ESE BENDITO APARATICO, DOCTOR!



Es increíble como el ser humano es capaz de perder la conciencia para evadir una dolencia extrema, es una reacción natural, biológica, ante un ataque sin tregua al sistema nervioso e inmunológico.
Este fin de semana, me ocurrió que estuve a punto de perder el sentido, pues sin aviso previo, la muela que logré mantener a raya por lo menos unos 10 días, decidió revelarse contra mi negligente actitud en pleno paseo familiar. Epa! me desafió y me obligó a hacerle frente a lo que tanto evité, a buscar desaforada al menos carnicero de los odontólogos de la ciudad, y confieso que ante severo malestar hasta pensé en éste como el único gran salvador del mundo.
Me pasé, lo reconozco y ahora aliviada me culpo de haberle hecho una mala jugada a mi salud y lo hice, no es broma, como periodista que se precie. Siempre buscando excusas para asistir ya desesperados al médico, los comunicadores que ejercemos terminamos con diagnósticos nada alentadores: gastritis, estrés, migraña, micoplasma, entre otras afecciones.
Resulta que entre asistir a la consulta y pedir permiso en el trabajo, prefería aprovechar el tiempo para lavar el carro, entre el taladro y el dolor, prefería los analgésicos, entre costear un tratamiento conducto y comprar un par de jeans, prefería pagar la matrícula de la escuela… siempre algo era más urgente o importante que el bendito dolor de muela, ese que resolví a punta de Ponstan cada seis horas.
A minutos de mi encuentro con el médico, reconocí que a lo que más le huía era al ruido que traspasaba la puerta del consultorio hasta el pasillo de espera… ruuuuuuuuuuussssssssssssssssssshhhh… y el seguido olor a esmalte quemado… terrible! Con lagrimas en los ojos por la molestia y me atreví a preguntar en recepción: Señorita…seráaaaaaaaaa que puedo cambiar la cita para mañana en la mañana, es que sabe? Debo regresar a la oficina. Y me mató: No, ya puede entrar.
Dentro:
Ajá, cuéntame Iliana, porque estás tan nerviosa?
Es el aparatico ese doctor –dije tragando saliva y con los ojos vidriosos- la ultima vez me taladraron el nervio.
Pues, hasta yo… y sonrió asintiendo con la cabeza como un gesto de solidaridad, interpreté.
Lamentablemente no acepté la apuesta, porque con magna hinchazón no se pudo evitar algo de dolor… pero hablaba con tanta seguridad y buen ánimo que me sentí serenada al menos hasta que sonó “esa cosa”.
Mis conocimientos sobre la práctica odontológica son muy escuetos, más bien nulos, lo que sí puedo juzgar es el tacto y pericia de cada uno de los profesionales que se han asomado dentro de mi boca, y éste es la excepción. De verdad sentí que recibí lo que hasta hace unos pocos años se le dio nombre de “medicina integral”, concepto utilizado para referir que la recuperación de un paciente no depende única y exclusivamente de la metodología científica (revisión, aplicación de medicamentos o cirugía), sino también de la curación emocional que deja el buen trato y consentimiento que en situación de enfermedad –sin caernos a historias- todos demandamos (según esta conjetura el Hospital Razetti estaría menos colapsado, tanto de gente enferma como deprimida).
Este especialista no me hizo sentir, como así lo observé en otras oportunidades con otros dentistas, que sus manos y pinzas se peleaban con mis dientes o que “la cosa” se fundiría en mis muelas hasta dejarme las encías adoloridas y el sabor salado de la sangre, además para apaciguar mi angustia dio detalle, paso a paso, de todo lo que jorungaba o encontraba.
Por primera vez quiero regresar al odontólogo y lo mejor del caso (esto es para las chicas) es que entre las gafas y el tapaboca celeste, esmerado entre tus dientes, puedes ver unos bonitos ojos azules. Sospecho que me convertiré en una chica Colgate.

Nota: En la gráfica me sorprendieron llorando de dolor (la publico para que me dé vergüenza y no se repita el show)



7 comentarios:

Otto dijo...

Nuestro cuerpo es muy sabio, debemos escuchar lo que nos pide día a día, antes de que nos empiece a gritar, porque sus gritos duelen...

Me alegra que estés bien...

NeoGabox dijo...

Eso siempre pasa la gente del mundo de hoy va dejando para última hora la visita al médico, no comprenden que de eso se trata la MEDICINA ACTUAL prevención, asistir antes de que ocurra la enfermedad. Me alegra que el odontologo te haya tratado bien, eso es algo que hay cambiar en el monopolio médico de Venezuela, donde todo es el dinero, y la salud emocional del paciente a la basura... Saludos

EL MÁS dijo...

jejeje yo también le tengo mucho miedo al odontólogo... es terribleeee me sentí muy identificado con tus miedos. Saludos me gustó tu blog

Erwin García dijo...

bellita eres una llorona. Yo tengomis rituales pa' ir al odont�logo. Pero otro d�a lo cuento. un beso.

*+MªEugenia+* dijo...

puedes robartelo cuando quieras hahaha...

bichooo ni hablar del odontologoo!!

Juan Luis dijo...

Iliana, sinceramente me siento tan orgulloso de tí cuando leo cada uno de tus textos que me embarga la emoción por aquella certeza mía de que en nuestra familia la escritora eras tu. Te admiro y "cuando sea grande quiero escribir como tu". Besos

Iliana Contreras dijo...

Gracias a todos por su dedicación y los buenos comentarios, como novata en esto, elevan mi ánimo.
Otto: Prometo nunca más hacerme la sorda. Gracias por tus buenos deseos.
Gabriel: De verdad estoy maravillada por el buen trato... me encantó tu blog superdinámico, te veré luego.
Moisés: Confieso que me dió pena publicar este escrito, pues puse en evidencia mi cobardía... al menos somos dos, jajajaj.
Bonito: No soy ningún llorona, bue...solo cuando lloro, jajajaja...en serio, odontologo: prueba superada, lee el siguiente post. Ah! TQM 2.
Juan Luis: Chamo sumamente honrada, porque yo pienso que en la familia el escritor eres tu...aunque sé que nunca nos pondremos de acuerdo ni en eso...jajajaj. Besos.
Felices días...Manikita