viernes, 9 de noviembre de 2007

El cuento completo de varias vidas fallecidas


Capítulo I: La Despedida
El 08 de marzo, Día de la Mujer, Julia despertó con el mismo malestar de los últimos días, como con falta de aire, como si la muchacha se montara en el pecho y apretara los pulmones, además ya no podía hacer puño la mano, ni posar los dedos de los pies en el piso por el líquido acumulado que le estiraba y enrojecía la piel. Lo novedoso era una extraña y permanente sensación de ir al baño, que no paró en nada hasta las dos de la tarde, cuando pudo identificar un leve dolor y un posterior desfallecimiento.
¡Chama esto no está bien, llama al médico!, le dijo a su amiga Gipsy con quien compraba flores para un evento familiar.
En menos de media hora Julia estaba en la clínica esperando al médico con contracciones cada 3-5 minutos, según calculó en su atribulación. La barriga de repente era como forrar un balón de fútbol con un globo, extremadamente dura, casi transparente y empujaba desde adentro su cuerpo hacia delante. El dolor ya hacía correr lágrimas en sus ojos, era más fuerte que su tolerancia.
A este ritmo Julia tocó por primera vez en su vida la cumbre del sufrimiento, además prolongado por casi diez horas, mientras los médicos confirmaban a través de un ecosonograma lo que temían desde la primera vez que la vieron entrar por la puerta del consultorio; y la administración del centro corroboraba la clave del seguro de HCM para cubrir la emergencia y demás.

La sentencia: Julia, entendiste lo que te dije? El feto está muerto, hay que sacarlo.
¡Haga lo que tenga que hacer, pero quíteme el dolor!, dijo torcida de malestar cuando súbitamente el padecimiento se esfumó para dar paso a una especie de suspensión en la nada. Eso era, como si de repente hubiese entendido lo que pasaba, y el dolor del vientre se transportara a su corazón, sus lágrimas fueron entonces amargas, ahogadas, guturales, pavorosas. El llanto tenía otro canto, salía de otra parte, de otra forma, era un cuerpo vacío, sin alma, se notaba en sus ojos extraviados, profundamente tristes.
No más que cuando a través de su acuosa mirada veló el pequeño ataud blanco, donde por primera y última vez vio a su “Tata”, a su segunda princesa, una copia al carbón de Ámbar. Un ángel de menos de 30 centímetros, hermosa eso sí, ya con sus deditos y su nariz moradas por la sangre coagulada, colores que sobresalían entre el trajecito que se confundía con su blanco semblante.
¡Será la princesa del cielo, la angelita más bella de todas!, pensó tragando una gruesa saliva y una vez más sin poder respirar. Sus ojos sólo eran cascadas que no deseaban parpadear para perpetuar la fotografía de su hija en su memoria.
En esos escasos minutos, sin nadie imaginariamente a su alrededor, Julia la bendijo por los siglos de los siglos y le dio un duplicado de su alma, para que no olvidara que en el mundo real tiene una mamá que la ama, por si algún día quiere regresar.


Capítulo II: La Culpa
Era una mirada temblorosa, perpetua entre ellos, así la distinguían entre la lágrima que formaba una película en cada ojo, una lágrima que ya no caía, creo que vencida de cansancio o deshidratación, ya eran tantas las que se regaron en el piso de la habitación fría de esa clínica.
No había palabra, no había consuelo, ellos lo sabían, todos lo sabían.
Ella estaba avergonzada, no sabía porqué, no quería ver a nadie, pero todos fueron.
Ella se sentía culpable, él la culpo y no se lo dijo, lo dejó para cuando estuvieran en casa, solos, sin todos alrededor avergonzándola. Le hizo pagar su condena con creces pero en silencio, la ignoró, la rechazó, la odió, pero no le dijo nada. Ella no se lo merece, es mejor callar, pensó.
Ella aún llora, de vergüenza, de culpa, de dolor, por su pequeña, por ella, por él y por todos.


Capítulo III: La Rabia
¡Que suerte Julia, casi mueres, generalmente solo se salva uno de los dos, la madre o el hijo!
Esto me lo comentaron muchos, conocidos, amigos, familiares. Ja! si lo que menos me siento es afortunada. ¿Cómo pueden creer en mi suerte, si acabo de sacar a mi hija muerta de mis entrañas? Bienaventurada ni en broma!
Sé que nadie tiene la culpa de esto, tal vez todos la tienen. Me digo: Ellos están aquí por solidaridad, es gente que me quiere o por lo menos me aprecia, y se tomaron la molestia de acercarse para demostrar que les intereso y que lamentan esta terrible experiencia que vivo. No debo pagar mi ira contra Dios, contra la vida a través de ellos, no es justo.
Pero en realidad quiero gritar y decirles que me dejen sola, que todos son responsables y que no tienen moral ni humanidad para consolarme ahora y no antes cuando les pedí ayuda.
Porque nadie apareció cuando tuve que complicarlo todo, haciendo un viaje que me amenazaría, dejando mi casa, mi comodidad, mi reposo, mi control médico, porque estoy segura que con Salazar todo hubiese sido diferente. Estuviese con Tata ahora, acomodándole el uniforme para llevarla mañana a clases junto a su hermana mayor, Ámbar.
Porque Salazar no es como “esos”, médicos mediocres que me atendieron luego de 10 horas de sufrimiento, cuervos mercantilistas, que casi me matan esperando un maldito número que les garantizara el pago por sus servicios, mientras me metían un catéter con “algo” que me aliviara el dolor que nunca aliviaron, hasta que se dieron cuenta, con mi placenta en sus manos, que era imposible el alivio porque tenía hemorragia interna.
Ninguno de las 4 cornejas que entraron luego a quirófano a limpiar sangre tuvo la previsión de revisar bien lo que estaba sucediendo en mi panza, seguro pensaban que era normal que me arqueara de dolor en la camilla ya con tres frasco de ese “algo” que me inyectaban en las venas.
No, es que el seguro de HCM, gracias a “mi fortuna” pasó la clave que aprobó la clínica faltándome sólo una hora para perder mi útero y poco más, para algo más grave, según el diagnóstico de los “especialistas”. Mi hemoglobina en 7, fue el resultado, así que salí de allí, sin vida y sin salud. Qué suerte la mía!


Capítulo IV: La Conspiración
Preeclampsia, nunca me tomé esa palabra con preocupación, nunca tuve problemas con la tensión arterial. Eso no es necesario, no necesito antecedentes para sufrir de hipertensión en el embarazo, leí dos años después en una revista.
Es tan peligrosa porque ataca sin aviso, sin bulla, los médicos le llaman el enemigo silencioso y así era en mi caso, nunca noté cambios que me alertaran. Talvez una pequeña taquicardia, desmayo, algún vértigo repentino que me zarandeara… el calor excesivo y la hinchazón ya eran rutinarios, no me decían nada. Pero el tensiometro marcaba la revolución en mis arterias y el peligro inminente para mi y mi bebé. Y tomé las medidas, medicación y alimentación adecuada según prescripción.
Pero la fatalidad se apegó tanto a mí, estaba tan bien predestinada para mí en ese presente, que me jugó sucio mientras dormía y me atacó y atacó a mi bebé de noche. Embistió de forma tan agresiva, que dejó sin oxigeno y sangre a Tata, al desprender la placenta. Yo? en los brazos de Morfeo, ni me inmuté.
Cuando desperté me sentí un poco extraña, pero según la necropsia, ya a esa altura era demasiado tarde. A las dos de la tarde, cuando sentí la primera contracción en mi vientre, no se trataba de nada más que de un aborto, una reacción de mi cuerpo, mi útero en concreto, para rechazar lo que ya no tenía vida ni calor dentro de mí, mi hija.
La muerte confabuló rastrera contra mi, de noche, para que no pudiera defender a mi hija con mi vida, porque así hubiese sido, lo juro!






10 comentarios:

EL MÁS dijo...

Estas historias me conmueven. Algo así le pasó a una ex jefa y fue lamentable y triste. Per excelentemente redactado en serio me conmovió.... Muchos besos... Ah por cierto no entendi mucho tu coment, así de enredado estará el post. Fue adrede y no voy a dar mas explicaciones jejeje

kennia dijo...

Excelente este "texto", "post", "blogs", "trabajo" o como se llame en este mundo....de verdad esta cargado de muchas emociones, sentimientos y verdades que pocos son los valientes que se atreven a mencionar...continua en tu busqueda de la excelencia estas cerca....

Kennia dijo...

Excelente este "texto", "post", "blogs", "trabajo" o como se llame en este mundo....de verdad esta cargado de muchas emociones, sentimientos y verdades que pocos son los valientes que se atreven a mencionar...continua en tu busqueda de la excelencia estas cerca....

Minhe dijo...

Muy bien escrito amiga!! estamos pule que pule esa pluma cada dia jejeje.

Con respecto al comen que dejaste en mi blog sobre los bellos de Voz Veis, me quede sorprendida de que te gustaran mis canciones favoritas de ellos, yo pensaba que era una de las pocas que es super fan de "Tanto Swing" y pues la nueva tambien la cargo super pegada porque me la dedicaron jejejeje es genial!! y como zuliana me siento orgullosisima de ellos en estos momentos!! UN BESOT!

NeoGabox dijo...

Simplemente: Guao

Esta historia me tocó la fibra más profunda de ese organo llamado corazón.
Me sentí identificado por que lo he visto pasar en la sala de parto del hospital, y es sinceramente una cruda realidad.
Existen una cantidad incontable de mujeres con preclampsia que no conocen ek riesgo que corren tanto ellas como sus hijos...

Este post es un seguro para los 10 favoritos de Noviembre...

Saludos Monocromáticos y un abrazo gigante multicolorido...

Mariale divagando dijo...

Que buen post!!!

Erwin García dijo...

Qué bello manikita, esta lágrima (que no puedes ver) te la regalo con especial y profunda admiración. Dios te bendiga. Gracias por escribir, por darnos parte de tí, de tu corazón, de tus pensamientos. Garcias, mil gracias.

Anónimo dijo...

Hola Ilianita! es Yeli, la hermanita de Luz. Wow.. muy lindas palabras llenas de nostalgia, una historia que sin duda es impresionante y es nuestra triste realidad y como concientizar a un planeta entero, como enseñarles el valor de una vida. =S. Escribes muy lindo MUCHISIMO EXITO *MaN!k!ta*.

Chapellina dijo...

La muerte confabuló rastrera contra mi, de noche, para que no pudiera defender a mi hija con mi vida, porque así hubiese sido, lo juro! :(

Anónimo dijo...

Amiga, soy madre, puedo enteder perfectamente tu dolor y tu impotencia, las cosas sucedieron porque Dios así lo dispuso, no te culpes por ello, a tu Tata no te la arrebataron ,sólo se te adelantó hacia ese mundo maravilloso que nos espera más alla, ella no tuvo que vivir todas las experiencias de la vida que nos preparan para acceder a ese mundo. Ella, tu Tata, se ganó de El Creador el privilegio de disfrutar de ese mundo cumpliendo en éste sólo con la misión de hacerte más humana, más intensa y lo más importante hacerte sentir autenticamente madre, esa madre que es capaz de dar la vida por un hijo, yo tambien lo haria por los mios... sigue adelante.

Aleida Lucía Mata