
Toño cuenta que a partir de ese día comenzó a aprender y comprender muchas cosas de ser grande. Todas, absolutamente todas las anécdotas con el tío Guedez le dejaban una lección de vida, por muy risibles o inverosímiles que resultaran. No siempre era la actitud más responsable la del tío, pero sin dudas eran gestos cargados de amor y buena voluntad. Con dichas intensiones, el tío llego a casarse cuatro veces, con cuatro mujeres llamadas Mercedes, la última tenía nexos consanguíneos con los Carrasco, por lo que Toño terminó siendo el emisario del tío para que la pareja separada, lograra medianamente comunicarse.
Antonio subía las bolsas del mercado hasta el quinto piso del edificio, luego de un periplo por los negocios del centro para conseguir todo de a cuatro, el tolete de queso o carne dividido en cuatro, la rueda de atún cortada en cuatro, eran cuatro los sacos, los potes, los litros, los kilos. Luego de entregar la encomienda con la lengua colgante, recibía el mensaje que transmitía íntegramente al tío Guedez: Mi tío, Mercedes dijo: ese hijo del grandísimo diablo, desgraciado, malparido de las tres leche, infeliz degenerado, inservible, dile que se vaya para el coño de su puta madre!!!
Antonio usted no repita eso! le decía siempre con voz calma y sin el menor indicio de enojo en atención al rosario de insultos. Ya era una costumbre heredada de su vida conyugal.
Ya en la farmacia que quedaba en el casco central, Toño se dedicaba a aprender sobre la preparación de los medicamentos que elaboraba el tío Guedez, el ungüento de glicerina y colorante que curaba el reumatismo de todas las viejas del sector, así como el remedio contra las ladillas. Con una seña, Antonio acompañaba al agitado paciente hasta el cuarto trasero, donde el tío aplicaba una generosa dosis de insecticida en las partes íntimas invadidas por los animalitos. Antonio de inmediato y para evitar quemaduras graves, debía asaltar sin pestañeo la zona con una panela de jabón azul y un tobo de agua. El tratamiento aunque arriesgado siempre tuvo resultados infalibles.
En su período de ayudante el ávido adolescente aprendió a preparar también pomadas, jarabes,

No obstante, tío Guedez no podía evitar que los malhechores hicieran de las suyas en ausencia de Eugenio y así un día en el que Toño debió faltar para hacer una tarea especial de la escuela, un par de malandros intentaron robar el Chevrolet año 56 que estacionaba el tío frente al negocio. Guedez al percatarse sacó veloz una pistola que guardaba entre las gavetas de las hierbas e infusiones, y aromatizada en manzanilla lanzó con todas sus fuerzas el arma contra el malvado duo.
Aunque sirvió para ahuyentar a los hombres, la desesperada acción dejó inservible el parabrisa del vehículo.

Tío pero porque usted no disparó, en lugar de tirarle la pistola a los tipos esos!
Noooooooo mijo, imagínate si mato a alguien? me sale más barato sale comprar otro vidrio. Venga vamos a tomarnos un trago de whisky a que Luis!!