
Un lejano eco que progresivamente se convirtió en una especie de berrido me espoleó del letargo que dejó el profundo sueño de esa calurosa tarde de abril. Acostada aún desde la cama pude divisar entre los paños de la ventana que era el conductor de un camión cava el intérprete de tan altisonantes quejidos.
Ahí voy!!!!… intenté aullar para calmar el escándalo -que estoy segura era tal sólo en mi encajonada cabeza- sin la mejor fortuna. Coño que ahí voy!!! repetí sosteniéndome de la cortina rosada y asomando la boca por una de las rendijas.
Despierta ya por la molestia, vislumbro que como situación poco común estaba acostada en el cuarto de mis padres, ventajosamente para el vocinglero, pues es el único cuarto de la casa con vista al patio trasero, el que da a la utopista.
Atravieso la enramada y el patio hasta el portón para acercarme al hombre vestido con una camisa timbrada con el logo y el nombre de Fin de Siglo, una tienda por departamento con mucha tradición en el Zulia. Extrañada de su presencia, asentí la pregunta de si se encontraba en casa la señora Iliana Contreras.
Sí se encuentra, de parte? Pero no creo que haya comprado nada recientemente en esa tienda, además nada tan grande como un mueble, de qué se trata esto?, dije con la voz evidentemente trémula pues la estupefacción pasó a tejer una telaraña de dudas que resultaban todas insanas.
Avísele que tiene aquí su pedido, necesito que firme la señora o usted como recibido para bajarlo del camión, esputó sin mayor expresión que el de fastidio que da trabajar en esos infernales días sin aire acondicionado y posteriormente extendió la factura con doble copia con el membrete rojo en la parte superior izquierda.
Efectivamente leí sin error ortográfico mi nombre, número de identidad, dirección de la casa de mis padres (dónde me encontraba), mi teléfono escrito a palma con tinta azul, la cantidad y descripción del producto: URNA DOBLE (sarcófago).
No sabía sí por la incredulidad o por un miedo que invadió mi espalda aún sin entender nada, me embargaron unas incontrolables ganas de llorar y atacar al despachador por tan indignante, de mal gusto e injustificada broma.
Yo soy Iliana y no pedí ninguna urna, no sé de qué se trata esta burla pero le agradezco que se retire, le grité con la garganta adolorida por el nudo de llanto y colorada de la incontenible rabia.
Esta segura que no quiere ver lo que hay dentro? Me dijo con la misma pacífica voz del principio y liberó la tranca de la puerta del camión cava para dejar a la vista que efectivamente eran dos urnas de madera las que traía, pero estaban juntas, pegadas del lado de las bisagras para abrirlas por lados opuestos. Abre el portón para bajarlas y darte las instrucciones, me ordenó.
Sin argumentos y sin fuerzas ni ánimos de entender toda la irreal situación, procedí a dar paso a la siniestra encomienda. Y descargando las cajas cual si se tratara de un juego de recibo, el hombre comenzó a ametrallar una serie de indicaciones incomprensibles para mí y cerrar con: Y no la deje dormir porque sino se muere!
Sin saber más del hombre, esta última y única frase descifrable me hizo arrodillarme casi instantáneamente ante un lado del “duocajón” para levantar con todas las fuerzas de mis brazos una de las tapas y encontrar acostada de manera muy plácida a mi madre. Sí, a mi madre.
La sensación no fue nada pavorosa, muy contrario a lo que me hizo sentir el vendedor minutos antes con toda la misteriosa explicación. El apacible rostro de mi madre como siempre me llenó de paz y seguridad, apartando todos los miedos posibles que generaba el escenario para entonces comenzar un diálogo del que recuerdo muy pocos detalles. Mucha risa y amor transmitido en nuestras sostenidas miradas eso sí lo memorizo. Hablamos de sus gustos, de los míos, de sus deseos de los míos, hablamos por horas y cantamos, cantamos música llanera cómo a ella le gusta, la peiné, la mimé, la agoté de tanto querer hasta que me dijo: Tengo sueño!
Recordé así las incoherentes instrucciones iniciales, y mi corazón empezó a latir con tal fuerza que no escuchaba ni el canto desafinado e impasible que entoné para evitar que mi madre durmiera, para interrumpir con mi voz y posteriormente agresivo zarandeo que mi madre cerrara los ojos. No podía dejarla dormir, no podía dejarla ir, estaba en mis manos. Tenía que cantar como nunca, hasta quedar sin voz, aún con el corazón en la boca ahogando mis notas, hasta quedar sin corazón, el mismo que me despertó con latidos altisonantes, rimbombante en mi cerebro y pecho, para no darle fin a ese sueño.
Me levanté llorando y corriendo ahora desde mi cuarto, con ventana al patio delantero, hasta el comedor, levanté el teléfono: Mami? Y papi? Están bien? Cuándo regresan?
P.D: Este es uno de los sueños de mi adolescencia, mis amigos más cercanos lo han escuchado alguna vez, mis padres estaban de paseo en Mérida. Aún no creo mucho en la interpretación de los sueños pero algunos, sin querer, han sido bastante reveladores y orientadores en mi vida. Debí prestar más atención. Este año mi buena estrella, cumple 15 años de su fallecimiento, aunque la sembraron (se llamaba Flor) en el Cementerio La Chinita, se la pasa a mi lado, por ello más que nadie sabe lo que pienso sobre la muerte y el tratamiento que le doy a este tema. Desde esta dimensión le envío mil besos a su alma.